Dejar de Fumar

¿Por qué el método de fuerza de voluntad no funciona para dejar de fumar?

En esta sociedad todos coinciden en que es muy difícil dejar de fumar. Incluso los libros para dejar de fumar, siempre comienzan diciendo lo difícil que es. La verdad es que ridículamente fácil. Entiendo que tengas dudas de lo que acabo de afirmar, pero vamos a considerarlo.

Si tu objetivo es correr una milla en menos de cuatro minutos, eso sí que es difícil. Tendrás que pasar por años de duro entrenamiento, y aún así, puede ser que no reúnas las condiciones físicas para conseguirlo.

Sin embargo, para dejar de fumar, lo único que tienes que hacer es no fumar más. Nadie te obliga a fumar: excepto tú mismo; y, al contrario del agua o el alimento, no lo necesitas para sobrevivir. Entonces, si quieres dejar de hacerlo, ¿por qué tendría que ser tan difícil? De hecho, no lo es. Son los fumadores quienes lo hacen difícil al utilizar el Método de la Fuerza de Voluntad. Yo defino este método, como cualquier método en el que el fumador cree que hace algún tipo de sacrificio.

Vamos a ver con más detalle por qué el Método de la Fuerza de Voluntad hace que sea tan difícil. Durante la mayor parte de nuestras vidas como fumadores, adoptamos la actitud de esconder la cabeza bajo la tierra: ‘Mañana lo dejo’.

En raras ocasiones, ocurre algo que nos motiva a dejar de fumar. Puede ser un problema de salud, dinero, rechazo social, o simplemente después de un ataque de tos violenta; entonces nos damos cuenta de que en realidad no nos gusta.

Cualquiera que sea la razón, sacamos la cabeza de la tierra y empezamos a valorar los pros y los contras de fumar. Entonces descubrimos lo que hemos sabido toda nuestra vida: que la única respuesta razonable es una vez más: DEJA DE FUMAR.

Sin embargo, aunque el fumador sabe que estará mejor si deja de fumar, cree que hace un verdadero sacrificio. Y aunque esto es falso, es una ilusión muy poderosa. El fumador no sabe por qué, pero cree que tanto en los buenos y los malos momentos de la vida, el cigarro parece ayudarle de alguna manera.

A esto hay que agregarle, el lavado de cerebro de: ‘lo difícil que es dejar de fumar.’

El fumador ha escuchado historias de fumadores que dejaron de fumar por muchos meses y todavía sufren desesperadamente por un cigarro.

También están los que se quejan permanentemente: fumadores que lo dejan y luego pasan el resto de su vida diciendo, que todavía se les antoja. Hay historias de fumadores que lo dejaron por muchos años, parecían felices, pero se fuman un sólo cigarro y se vuelven a enganchar. Probablemente también sabe de muchos fumadores con enfermedades en etapas avanzadas, que se están destruyendo y que evidentemente no disfrutan del cigarro, pero siguen fumando. Además de todo esto, es probable que él mismo haya pasado por algunas experiencias similares.

Así que, en vez de comenzar con la actitud mental de:  ‘¡Qué maravilla, ya no necesito fumar,’ empieza con una sensación de pesimismo, como si fuera a tratar de escalar el Everest, y cree firmemente que estará enganchado de por vida.

Muchos fumadores comienzan incluso con disculpas y advertencias a sus amigos y familiares: ‘Mira, voy a tratar de dejar de fumar. Es muy probable que esté irritable durante las próximas semanas. Trata de tenerme paciencia.’ La mayoría de los intentos así, ya están destinados al fracaso antes de empezar.

Vamos a suponer que el fumador sobrevive unos cuantos días sin un cigarro. Su congestión desaparece rápidamente de los pulmones. No ha comprado cigarros y por lo tanto, tiene más dinero en sus bolsillos. Así que, las razones por las que decidió dejar de fumar, también empiezan a desaparecer igual de rápido de sus pensamientos. Es como cuando ves un accidente muy fuerte en la carretera, mientras conduces. Esto te hace bajar la velocidad durante un tiempo, pero la siguiente vez que se te hace tarde para una cita, se te olvida por completo, y vuelves a pisar el acelerador a fondo.

Por un lado su motivación empieza a desaparecer y por el otro la idea de que fumar es un placer y un apoyo no ha cambiado, y ahora la persona, que hace unas cuantas horas o días hacía una lista de las ventajas de dejar la nicotina, empieza a buscar con desesperación cualquier excusa para prender un cigarro, diciendo cosas como: la vida es muy corta, podría haber una guerra nuclear mañana. Me podría atropellar un camión, ya es demasiado tarde para dejarlo y además, dicen que ahora todo causa cáncer.

He elegido un mal momento. Debí haber esperado hasta después de Navidad, o de las vacaciones. Hubiera esperado un momento con menos estrés.

No me puedo concentrar. Me he puesto irritable y de mal humor. No puedo hacer mi trabajo de forma correcta. Mi familia y mis amigos ya no me van a querer. Por el bien de todos, voy a tener que volver a fumar. Soy un fumador empedernido y nunca podré ser feliz sin un cigarro.

En este punto, el fumador por lo general se da por vencido. Prende un cigarro y la esquizofrenia aumenta. Por una parte, tiene el enorme alivio de haber acabado con el deseo de fumar; y por otra parte, si había aguantado un periodo largo sin fumar, el cigarro le sabe horrible y el fumador no puede entender por qué se lo está fumando. Es por eso que piensa que no tiene fuerza de voluntad.

De hecho, no es falta de fuerza de voluntad; todo lo que ha hecho es cambiar de idea y tomar una decisión perfectamente racional, dada la situación en la que se encuentra. ¿De qué sirve estar sano, si te sientes miserable? De nada en ajarbsoluto. Es mucho mejor tener una vida corta y disfrutarla, que vivir muchos años sintiéndose miserable.

Afortunadamente, eso no es verdad: es justo lo contrario. Se disfruta infinitamente más la vida siendo un no-fumador; pero, fueron estos argumentos los que me mantuvieron fumando por treinta y tres años. Para poder dejar de fumar con éxito es absolutamente vital estar convencido de que no estás haciendo un sacrificio y de que no lo necesitas para estar bien.